EL ZUMBIDO DEL MOSCARDON

Alejandro Leyva Aguilar

Acabo de terminar de leer un libro de David Owen que se llama “En el poder y en la enfermedad” de la Editorial Siruela 2009, donde habla del síndrome de la hybris desarrollado por líderes y jefes de estado en todo el mundo en momentos históricos.

¿Cómo afectó el juicio de líderes y jefes de estado el síndrome de la hybris, en momentos en que habrían de decidir el destino de millones de personas en el mundo, como por ejemplo la Segunda Guerra Mundial o la crisis de los misiles?

David Owen llega a la conclusión de que la salud, no sólo mental sino física de las personas que pretenden ostentar el poder de sus países por la vía electoral en una democracia representativa, debe ser del dominio público.

Los electores deben conocer los padecimientos congénitos o adquiridos además de los medicamentos que toman, antes de someterse a una elección.

Y no está mal, eso debería suceder porque desde el momento en que una persona desea dirigir los destinos de un pueblo, la gente de ese pueblo, debe estar segura que nos los gobernará un alcohólico, un demente, un loco, un sifilítico o una persona que, por su enfermedad, deba doparse.

En México estamos lejos de que eso suceda porque la clase política entera, háblese del partido que se hable, padece en gran medida, tres de los síntomas que Owen especifica como necesarios para diagnosticar el síndrome de la hybris.

No sólo los gobernadores de nuestros estados, hasta sus secretarios y funcionarios menores padecen desgraciadamente hybris.

Cambiar esta condición en México es un tema que no harán los políticos pero que los ciudadanos podemos empezar a exigir, cambiando a nuestras futuras generaciones, vacunándolas contra la hybris desde el salón de clase.

Por eso la pregunta ¿los profesores de la educación pública padecen hybris?, ¿cómo podemos garantizar que el proceso de enseñanza-aprendizaje en México, esté exento de la influencia de la salud mental de los profesores?, ¿es posible legislar para que los profesores en México se sometan, no solo a un examen de conocimientos y de aptitudes, sino también a una sicológico que garantice el proceso enseñanza-aprendizaje?

Una pregunta más ¿cómo influye la sique del profesor, en el proceso enseñanza-aprendizaje?

Me parece que la Reforma Educativa no contempla estas cuestiones que por su índole, pueden ser fundamentales en la educación en México y deberían contemplarse en la Ley Educativa porque seguro estoy que impactan en la educación de los niños y jóvenes de México.

Un profesor que se planta en un aula de clases un lunes, usando chanchas en vez de zapatos, con una playera sin mangas y aún oliendo a alcohol después de un domingo de parranda, es una imagen frecuente en comunidades de Oaxaca donde la Sección 22 protege y solapa el alcoholismo entre los profesores por la simple y sencilla razón de que el dirigente sindical es un enfermo alcohólico.

Dicho profesor, con la hipoglucemia derivada de un día de embriaguez y con sus síntomas a todo lo que dan, no puede razonar ni en los planes y programas de estudio, ni mucho menos en lo que de su boca sale, para decirle a un aula llena de mentes despiertas al entendimiento.

Otro profesor, imbuido por el marxismo radical (no el de Carlos Marx, sino su perversión), que ve al Estado Mexicano –que es el que le paga su salario- como a un enemigo y asiste a un aula de clases, es claro que va a dejar a un lado los planes y programas de estudio y va a transmitir a su alumnado, el radicalismo ciego de quienes se sienten redentores de la Patria; les transmitirá odio, rencor, desadaptación social y, por supuesto radicalismo.

Es urgente entonces una revisión a la Reforma Educativa porque si los profesores exigen que, de acuerdo a las condiciones de cada estado se de la evaluación, sería bueno exigir como padres de familia también que, de acuerdo al entorno social y familiar del profesor, se le practique un examen sicológico porque en medio, está la educación de nuestros hijos.

No estaría mal saber qué pasa por la cabeza de Rubén Nuñez Ginez y compararlo con lo que pasa en la cabeza del mejor educador de México para darnos cuenta en manos de quién está el futuro de la Nación.